
Antes de elegir una cocina, convierte tus preferencias en cinco decisiones que puedas explicar a quien prepare el proyecto. La colección puede ayudarte a comparar aspectos visuales, pero no acredita las medidas, los productos ni el coste de cada propuesta.
Contenido de esta guía
Anota qué funciona hoy, qué te falta y qué conservarás. Usa esas respuestas para revisar distribución, equipos, encimera, mobiliario y color, en lugar de buscar una cocina que sea «perfecta» para todos.
Algunas escenas sitúan flores u objetos sobre la superficie de cocción o muy cerca de ella. No reproduzcas esa disposición durante el uso: mantén la superficie libre de objetos decorativos y comprueba la posición de plantas, textiles y otros elementos según las instrucciones del equipo.
1. Distribución: ¿qué recorridos necesitas?
Describe una tarea habitual, como sacar alimentos, prepararlos y llevarlos a la mesa. Sitúa esas acciones en un croquis de tu cocina. Incluye puertas, ventanas y elementos fijos; la guía de medición de IKEA pide registrar también la dirección de apertura y la posición de las conexiones. Ese dibujo permite discutir alternativas con datos del espacio real.



2. Equipos: ¿qué usarás y qué conservarás?
Haz una lista de los aparatos que utilizas y de los que seguirán en la cocina. Anota su modelo y facilita su documentación al profesional antes de cerrar los muebles. Comprueba con él las condiciones de instalación, apertura y acceso para mantenimiento; no elijas el hueco únicamente por el aspecto de un aparato en una foto.



3. Encimera: ¿qué tareas debe admitir?
Explica si preparas alimentos a diario, amasas o necesitas un área de apoyo junto al fregadero. Pide la referencia concreta de la superficie y sus instrucciones de uso y limpieza. Mármol, granito y productos comercializados como cuarzo no deben tratarse como una única solución con los mismos cuidados; el nombre del material por sí solo no completa la elección.



4. Mobiliario: ¿qué guardarás y qué incluye el presupuesto?
Relaciona cada grupo de objetos con un espacio de almacenaje: vajilla diaria, ollas, alimentos o pequeños aparatos. Después compara propuestas con el mismo contenido: muebles, herrajes, montaje y remates incluidos, además de las partidas que queden fuera. Si necesitas ajustar el gasto, identifica qué puede conservarse o posponerse antes de eliminar una función que usas.



5. Color: ¿cómo encaja con lo que ya tienes?
Reúne muestras de frentes y superficie junto al suelo o los revestimientos que conservarás. Obsérvalas con la luz habitual de tu cocina, de día y por la noche. Decide si prefieres continuidad o contraste; una imagen luminosa no garantiza el mismo resultado en otra vivienda.



Lleva las cinco respuestas a la revisión del proyecto. Así podrás comparar cada propuesta por lo que resuelve y por lo que incluye, además de por su apariencia.